No me he encontrado todavía la primera persona que no me mire con cara de bicho raro cuando le digo que soy abstemia. La mayoría (algo así como el 99,999999%) asumen que es una cuestión religiosa. El cero punto algo insignificante restante, me preguntan si estoy tomando algún medicamento. A nadie se le ha ocurrido la razón verdadera, que es que el alcohol no me gusta. En fin, eso es vaina mía y de cada quien. Me acuerdo de esto porque ayer vine a visitar a mi familia, a una pequeña población de Guárico que queda más allá de donde el diablo botó las chancletas (pregúntenle a Tcalo), y desde la entrada del pueblo, en las cinco primeras cuadras conté siete licorerías. De ahí en adelante dejé de contar las cuadras, y en el camino a mi casa alcancé a ver dieciséis expendios de licores. Pero vamos, que en mi pueblo no hay una librería pero ni pa’ remedio.
Entre una cosa y otra, me acuerdo de que el miércoles pasado me encontré, mientras compraba el desayuno, a uno de los panitas neandertales recién ingresados en el Ministerio donde trabajo. Al tipo no se le ocurre mejor comentario para hacerme (a las ocho de la mañana de un miércoles, repito) que hablarme de la cruda que cargaba, y para rematar, me dice que ya gastó la tickera (los cestatickets los pagaron el día lunes de esta semana): es decir, se la bebió. Y lo dice con aquella cara, el angelito… Total que, en un último intento de hacerle entender que la conversación no me estaba resultando entretenida, le comento que yo no bebo, y todavía el tipo asumió que yo estaba bromeando, porque según él, yo tengo pinta de rumbera. El problema no fue ese, sino que en su traducción, el hecho de que yo le hiciera esa clase de chiste significaba que yo quería seguir sosteniendo la entretenida y fabulosa conversación sobre la pea tan arrecha que él cargaba y sobre el hecho de que el que bebe el lunes tiene que seguir borracho toda la semana.
Que alguien me explique por favor.
4 comentarios
Agosto 5, 2008 a las 11:47 am
Una de las maneras más populares que tiene el ser humano de escapar de la realidad en forma “legal” y avalada por la Sociedad y el Estado.
Los libros son otras… pero no todos conocen el truquito.
(Te lo dice un especialista en estados alterados de consciencia)
Saludos!
Agosto 6, 2008 a las 4:56 pm
Un placer conocerte, Marianne, haz comenzado con muy buen pie este blog. Me ha gustado mucho tu humor y tu ácido bien dosificado (leí primero el último post, y ahora este), en las dos entregas que llevas.
El tema del alcohol siempre me ha resultado misterioso; yo sí bebo y tengo bebida en mi casa; vinos, dos tipos de ron, cachaza, ponche crema, chiringuito… y así cualquiera diría que soy un adicto, pero se trata de todo lo contrario: bebo esporádicamente y casi todas las botellas tienen más de un año conmigo; varias de ellas sin abrir.
Trabajé en un periódico en el que era ley que el viernes, a las 7 de la noche, se escuchase: “¿y dónde vamos a beber hoy?”, a lo que yo respondía para mis adentros “¿y por qué habría que ir a beber?”. Yo prefiero el cine, el teatro, los grupos que se presentan en La Estancia, o en el Ateneo, o sencillamente ir a comer sushi, o pizza, o tomarnos un café, situaciones que indefectiblemente eran calificadas por mis compañeros como ridículas o incluso poco viriles. Han pasado años y sigo sin entenderlo.
Bueno, ya dije mucho, chau, te seguiré visitando.
Agosto 6, 2008 a las 6:47 pm
Patto: Digamos que prefiero el estado alterado de consciencia de los libros
pero así están las cosas. Un placer tenerte también por acá. Tienes razón, lo que jode al mundo es la humanidad. (Amo a la humanidad, lo que me revienta es la gente, dijo Susanita la de Quino).
Eduardo: Concuerdo con todo lo dicho, el cine, el teatro, el sushi -sobre todo el café, de mis adicciones hablaré en otra oportunidad-, con la diferencia de que yo no guardo en la casa ni ponche crema. Pero eso ya son cosas mías. Gracias por visitar.
Agosto 9, 2008 a las 11:09 pm
Siempre hay tipos asi de impertinentes, hay mucha gente que se enorgullece de todas las curdas que se ha tomado y de las tan divertidas rascas que ha tenido.
Yo prefiero divertirme sobria y con mis sentidos en perfecto estado, pero hay gente que no cree que eso sea posible.